Nov 282012
 
Stigma and HIV AIDS

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Conforman diferentes redes integradas por personas heterogéneas, con y sin VIH, pero con un objetivo común: trabajar en la prevención de la enfermedad, en la contención de los que tienen el virus y contra todo tipo de discriminación.

“La sociedad construye una imagen del joven como peligroso, como personas que no pueden hacer nada, que sólo hacen lío, que no se pueden divertir sanamente”, describe a Télam Leonardo Elizondo, el secretario de la Red de Jóvenes por la Salud, un colectivo integrado por diversas organizaciones que trabaja en la prevención de VIH y en la promoción de derechos sexuales y reproductivos.

En este sentido, Leonardo -a quien todos conocen como “el vasquito”- agrega que “la primera problemática común de los jóvenes que viven con VIH tiene que ver con el estigma y la discriminación, donde lo único que hace el VIH es acentuar el prejuicio”.

“Si tenés VIH, y encima sos pobre, sos joven y sos mujer, son todas condiciones que van acrecentando los prejuicios”, señala el joven y agrega que “hay una desinformación o falta de conciencia sobre el virus que a los que más afecta es justamente a las personas que viven con él”.

La problemática más saliente entre los jóvenes que viven con VIH, según la experiencia de testimonios recogidos por “el vasquito” aunque no sea la propia porque él no tiene VIH, “es el tema de la sexualidad: si decir o no, cuándo decirlo, etc”.

“Una vez que entré en la adolescencia el tema era si formaba una pareja cuándo `se lo tenía que decir´”, cuenta por su parte a Télam Nadia Tevez, miembro de la Red Argentina de Jóvenes y Adolescentes Positivos (RAJAP), una incipiente organización nacional.

Para Nadia, “este es un trabajo que lleva tiempo elaborar, entender que tener VIH no es un secreto, que no hay obligación de contarlo y que si se lo hace tiene que ser en el momento en el que uno se sienta con seguridad para decirlo”.

Otro tema que ambos activistas destacan es el temor al empleo, “ya que sabemos que en muchos lugares te hacen el test sin avisarte cuando en realidad éste debe ser con consentimiento informado”, señala “el vasquito”.

En referencia al trabajo preventivo, Leonardo remarca tres ejes que hay que fortalecer: el tema del género, el trabajo con los efectores de salud y la implementación de la ley de Educación Sexual Integral.

“El uso del preservativo está atravesado fuertemente por una cuestión de género -indica- cuando uno pregunta quién tiene que llevar el preservativo la respuesta es `el hombre´ o cuando querés darle un preservativo a una mujer algunas todavía lo rechazan”.

Para el joven “esto implica que la decisión del uso del preservativo sigue estando en el hombre, y nosotros lo que explicamos es que tiene que haber una negociación, que las mujeres tienen que potenciarse y que también es una decisión de ellas cuidarse o no, que los roles femenino y masculino son construcciones sociales que se pueden cambiar”.

Leonardo también calificó de “fundamental el trabajo con las unidades sanitarias de los barrios, porque si nosotros le insistimos a los jóvenes que se acerquen a realizarse el test o a buscar preservativos y cuando van a la salita son maltratados o no tienen una atención amigable no van a volver”.

En relación a la ley de Educación Sexual Integral el joven afirma que “los docentes no tienen que tener miedo de que las familias los denuncien porque están amparados por la ley, porque hay quienes creen que si de esto no se habla es porque no se está tratando la educación sexual y esto es falso, porque el silencio también es un mensaje”.

Leonardo, que hoy tiene 27 años, comenzó a los 13 años a organizar junto a otros pares un espacio de participación en el club al que asistía donde ya no podía hacer fútbol porque había sólo la categoría de infantil, es decir, hasta los 12.

En este proceso de organización de un espacio juvenil, “el vasquito” con sus amigos detectaron que el VIH era una problemática común entre los suyos, “en realidad común a todos”.

Así conformaron una organización que se llama MIRA (Mensaje Integrado de Responsabilidad y Arte) que trabaja en Almirante Brown, que a su vez participa en la Red de Jóvenes por la Salud, un espacio que nació impulsado por la Fundación Huésped.

Nadia, por su parte, supo que tenía VIH cuando tenía 13 años porque se lo contó su mamá: “Lo primero que pensé es que me iba a morir pronto, recuerdo que se lo pude contar después de un tiempo a mi mejor amiga y ella me consoló mucho”.

Cuando tenía 15 años, la joven aceptó participar en un grupo en Huésped y allí conoció otras experiencias pero, fundamentalmente, comenzó a asimilar su situación, a enfrentar miedos y derribar prejuicios.

“Hoy cuento que tengo VIH sabiendo que no me voy a morir mañana, sin lágrimas, con tranquilidad, explicando lo que es, lo que pasa, y eso hace que la gente reciba la información sin angustia”, describe materializando en su persona un ejemplo de empoderamiento.

Hacia 2010 unos 40 jóvenes se reunieron en Chapadmalal y conformaron la RAJAP, en tanto en el segundo encuentro ya participaron alrededor de 70 personas de distintos puntos del país.

“No es fácil todavía para un joven ni para nadie decir que vive con VIH. Lo bueno de participar es que uno aprende sus derechos, adquiere seguridad y puede salir y decir, no soy el VIH, soy una persona que vive con VIH”, concluye Leonardo.

http://www.telam.com.ar/nota/45365/

 

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